REVISTA PLÉYADE AÑO III-N°6 / ISSN: 0718-655X / JULIO-DICIEMBRE 2010 / PP.287-291
R e s e ñ a
Luis R. Oro Tapia
“Max Weber: la política y los políticos. Una
lectura desde la periferia”
CAIP - Ril Editores, Santiago 2010, 148 páginas
ISBN 978-956-284-743-8
Por Francisco Vega Méndez*
Agradezco el honor de esta invitación para presentar el nuevo libro del
profesor Luis Oro titulado “Max Weber: la política y los políticos. Una lectura desde la
periferia”. Se trata de cuatro ensayos en torno a uno de los pensadores más lúcidos
de la política que en el mundo han sido: Max Weber, quien pensó y escribió desde
una perspectiva afín al denominado realismo político.
I. WEBER Y LA TRADICIÓN DEL REALISMO POLÍTICO
El primer ensayo tiene como título “El problema ético del poder en Max
Weber. Apostillas a las páginas finales de La política como profesión”. Como destaca
el profesor Oro, el realismo —en general— es una concepción del mundo que se
caracteriza, como dice un poeta, por mirar la realidad a la cara, aunque deje
cicatriz, por intentar comprender la realidad desde ella misma, sin velos y, sobre
todo, sin confundirla con nuestros deseos. Es, pues, una actitud que requiere cierto
raro coraje.
El realismo, en este sentido amplio, tiene antecedentes remotos en los
trágicos griegos. En historiadores como Tucídides y Jenofonte. En algunos mal
llamados pre-socráticos como Demócrito y Heráclito. En los denostados sofistas,
como Trasímaco y Calicles. En poetas como Lucrecio y Ovidio. Su mirada es tan
lúcida y su praxis tan difícil al igual que el arte de amar o de desamar.
Con Maquiavelo —que prefigura la secularización del mundo moderno,
dando así inicio al zarandeo del andamiaje normativo de la escolástica— estamos
en presencia de los rasgos característicos del realismo político; una concepción
* Profesor de Derecho Político y Constitucional, con estudios de postgrado en ciencia política,
filosofía política y derecho político en Chile y España.
REVISTA PLÉYADE AÑO III-N°6 / ISSN: 0718-655X / JULIO-DICIEMBRE 2010 / PP.287-291
antropológica prudentemente pesimista, la presencia del conflicto en las relaciones
humanas y la autonomía de la política.
Max Weber se inscribe en esta línea de pensamiento. Su lucidez, según
revela este primer ensayo, radica en no separar la política de los políticos; esto es,
de la condición humana, en fin, de la realidad. Luego, el realismo político es
expresión de una perspectiva realista más amplia.
Respecto de las virtudes del político, Weber, señala el profesor Oro, da una
respuesta breve y contradictoria a la vez, como es la vida misma. Porque la política
participa necesariamente de la condición humana breve y contradictoria.
De este modo, el realismo político señala que no hay reglas fijas, absolutas y
universales para la política; como tampoco las hay para la vida.
Y así, como la política no puede ser evaluada en plenitud mientras está en
desarrollo, y sólo a posteriori se dirá si fue una buena o mala política. Así también
ocurre con la vida según ya sabían los latinos clásicos, cuya prudencia aconsejaba
esperar el fin de la vida de un hombre para evaluar si fue feliz.
De modo que si el político requiere pasión, responsabilidad y distancia, la
virtud que orienta su acción es la distancia, esto es, una cierta prudencia que no
puede ser definida en términos universales, sino más bien en forma casuística,
como hizo Maquiavelo en El Príncipe.
La agudeza de Max Weber pensado por el profesor Oro, consiste en
configurar al político sin separarlo de la realidad.
De modo que cuando el político enfrenta conflictos externos o consigo
mismo, este conflicto opera en el nivel de las pasiones; no en el de la razón, tal
como le ocurre a los electores.
Max Weber es, sin duda, un digno representante de la línea política de
Maquiavelo. Su justamente célebre distinción, siempre tensa, entre ética de la
convicción y ética de la responsabilidad, se prefigura en la distinta funcionalidad
política de la ética cristiana y de la ética pagana en Maquiavelo.
La distinción entre ética de la convicción y la ética de la responsabilidad,
como bien destaca el profesor Oro, tiene aplicación en otros ámbitos, y no sólo en
la política.
Otro aspecto que quisiera destacar es la denominada dimensión trágica de la
política. Nuevamente esta dimensión es parte de toda actividad humana.
En primer lugar, porque no existen valores absolutos, universales e
intemporales. No hay algo parecido a una justicia o verdad absoluta. Al contrario,
la afirmación de una especie de absolutismo moral suele conducir a posiciones
fundamentalistas. Ya señalaba Rabindranath Tagore que hay que temer a los
buenos que quieren hacer a todo el mundo bueno, aunque sea a palos.
REVISTA PLÉYADE AÑO III-N°6 / ISSN: 0718-655X / JULIO-DICIEMBRE 2010 / PP.287-291
Pero la dimensión trágica de la política también aparece en la llamada
inconmensurabilidad de los valores, esto es, en la imposibilidad de jerarquizarlos
rígidamente.
Pero, además, esta dimensión trágica aparece también en el hecho de que los
valores o fines últimos del hombre suelen entrar en conflicto entre sí.
Finalmente, porque la condición humana entrelaza pasiones y razones en su
acción y, demasiado frecuentemente, la razón cumple una función ex post de
justificación de las pasiones.
Este primer ensayo de impronta política claramente realista parece escrito
con una lúcida melancolía que lo acompaña como una especie de bajo continuo,
que parece ser el precio de la lucidez.
Parece recordarnos, por ejemplo, que en una democracia más que malos
políticos, hay malos electores.
II. WEBER Y SCHMITT
El segundo ensayo enfrenta las afinidades y discrepancias de Max Weber
con un influyente pensador con quien comparte premisas fundamentales del
realismo político, tales como la autonomía de la política, su carácter coercitivo, la
presencia del conflicto y una perspectiva pesimista de la condición humana. Ese
pensador es Carl Schmitt.
Las discrepancias son, sin embargo, muy marcadas, pues si Weber piensa la
política desde el contexto del Estado, Schmitt lo hace en forma más amplia; si para
Weber el conflicto en el contexto estatal es un conflicto normado, no ocurre así en
Carl Schmitt, en fin, si en Weber la política es una actividad continua en el
quehacer humano, para Schmitt se caracteriza por la discontinuidad, por la
excepción.
La concepción política de Weber es, desde luego de mayor aplicación que la
de Schmitt que sólo operaría para situaciones de gran intensidad de conflictos.
Hoy en el ámbito internacional, y en el ámbito estatal sólo en casos de quiebre
institucional, revoluciones, golpes de Estado, o guerra civil.
Hay, sin embargo, una última diferencia que quisiera destacar y que
convierte a Schmitt en un pensador de un realismo muy particular, pues en su
pensamiento político aparecen como telón de fondo ciertas creencias trascendentes
que están ausentes en el pensamiento agnóstico de Weber, y que lo lleva a pensar
la política desde el plano de la inmanencia a este mundo.
III. WEBER Y SHAKESPEARE
El tercer ensayo “Invocación de Max Weber al soneto 102 de Shakespeare”,
a partir de los versos del poeta utilizados por Weber en su discurso ante la
REVISTA PLÉYADE AÑO III-N°6 / ISSN: 0718-655X / JULIO-DICIEMBRE 2010 / PP.287-291
juventud alemana de la primera post-guerra, intenta discernir entre el
enamoramiento y el amor, y en clave política su equivalencia entre el entusiasmo y
la vocación. Soñar requiere primero el coraje para mirar la realidad desnuda. Del
mismo modo que Baudrillard señala que el seductor ya está seducido, el
desencanto requiere previamente un encantamiento.
La preocupación de Weber apunta al desencanto de quienes,
impulsados por ideales o convicciones, se acercan con entusiasmo a la política
para descubrir —posteriormente— que en ella los intereses suelen disfrazarse de
nobles principios.
Nuevamente, sólo el realismo en política puede transmutar el entusiasmo en
vocación. Para ello se necesita, invirtiendo los versos que Yourcenar atribuye al
emperador Adriano, la experiencia de entrar en la vida con los ojos abiertos.
IV. ¿POLÍTICOS VOCACIONALES O POLÍTICOS PROFESIONALES?
El ensayo final “Reseña a la traducción de Joaquín Abellán de “La política
como profesión”, destaca el interés comparativo que posee esta traducción,
particularmente al concebir la política como profesión y no como vocación. Los
fundamentos son rigurosos y claros. En efecto, si la voz pasión es utilizada por
Max Weber para referirse a tres aspectos del comportamiento humano —como
motivación para algo, como actividad orientada hacia un fin—, uno de ellos es
como vocación. Luego, si las virtudes del político —pasión, responsabilidad y
distancia— implican la prudencia y experiencia necesaria para dominar las
pasiones. La vocación del político aparece como un elemento necesario pero
insuficiente. Sólo en el político profesional confluyen estas virtudes.
V. CONSIDERACIÓN FINAL
Según Margarite Yourcenar, no hay nada más lento que el nacimiento de un
hombre. La invocación a los ojos abiertos ante la realidad en general, y ante la
realidad política en particular, expresa la lucidez de estos ensayos escritos desde la
periferia por el profesor Oro a partir del pensamiento de Max Weber y cuya
reunión en este libro celebro en este acto, porque apuntan desde sus contornos al
núcleo de la realidad política.
Santiago, primavera de 2010.
No hay comentarios:
Publicar un comentario